Una parada camino a San Francisco de Macorís

Como si se tratara de una pintura, cada lado materializaba un arte cautivador. El sol avivaba su verdor intenso, y la brisa le aportaba movimiento, haciéndole aparentar vida propia. Y es que en cierto modo la tenía, pues a 10 minutos más del trayecto y uno que otro hombre caminando en el interior de aquel paisaje, dejaron entender que se trataba de la mismísima naturaleza, esta vez mostrando su belleza a través de los campos arroceros. + en www.listindiario.com

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